• Muerte y resurrección de FJK

    Julián Sorter

    El joven Federico Klemm estudió pintura, cantó ópera y participó en happenings. Heredero de una fortuna familiar, amasó una importante colección de arte argentino e internacional del siglo XX. Al mismo tiempo que emprendió una producción artística conformada por collages fotográficos, pinturas, muebles, instalaciones y performances, convirtió su colección personal en una Fundación que al día de la fecha genera exposiciones y otorga anualmente un premio. Klemm también condujo un programa de televisión sobre arte, El Banquete Telemático. Este episodio del cable argentino es la piedra angular de la curaduría de Guadalupe Chirotarrab y Federico Baeza para la nueva exhibición del acervo que inauguró en marzo de este año. La colección fue una escenografía recurrente en aquellas emisiones, una obra de arte total que nucleó diferentes facetas del artista. El origen germano de Klemm –proyectado en su pasión por la ópera y el kitsch– permite entender tanto su obra como el arte contemporáneo en general: la vanguardia y lo popular son buenas amigas.

    En el transcurso de los años noventa Klemm obtuvo una gran resonancia mediática. Un buen ejemplo son sus apariciones en los sketches de Antonio Gasalla y Todo por dos pesos. No sucedió lo mismo en el medio de las artes visuales. Más allá de los textos que Fermín Fèvre, Jorge López Anaya y Carlos Espartaco escribieron por encargo para sus muestras, los ensayos y las notas periodísticas escasean y, en ocasiones, demuestran desprecio. Las fiestas, sus relaciones con la alta sociedad, su sexualidad, su edad y aspecto fueron algunos blancos de los ataques. Una violenta nota publicada en el suplemento Radar en 1998 enarbola una variedad de odios en un intento de asesinato mediático. ¿Por qué entender a la crueldad como el remedio para la complacencia?

    En los últimos años se han generado ciertos cambios en la recepción de Klemm. En 2010 tuvo lugar una exposición antológica en el MACRO,1 años más tarde Claudio Iglesias publicó Rubias teñidas (2015), un libro de ensayos en el cual la figura de Klemm aparece como una clave para pensar al arte contemporáneo. Un año después, Jimena Ferreiro curó Dórico, jónico, corintio, una exposición que tomó como disparador elementos de la obra de Klemm.2 Y, finalmente, en 2018 llegó El cuerpo de una colección curada por Chirotarrab y Baeza. La distancia habilita otras reflexiones y los curadores dan otra razón: El Banquete Telemático ha participado de la educación estética de varias generaciones. Difícil odiar a quien quiso enseñarnos. Aunque la clase se vuelva sobre sí misma, un maestro que se permite fallar –recuerdo que en medio de una emisión Klemm dice a Espartaco: “¿Qué estaba diciendo, que me perdí?”– es doblemente maestro.

    Luego de la apertura de la exhibición, los curadores organizaron una serie de visitas performáticas y activaciones.3 Para este ciclo, Diego Bianchi y yo pensamos una performance. Trabajamos en la reserva, seleccionamos obras que sumamos por esa tarde a la curaduría. Revivió en mí un placer infantil, hurgar en los armarios de mi abuela, fascinado con los vestidos y las sedas, pero además intentando comprender, buscando motivos, secretos, historias. ¿Quién entiende a su familia? Y, ¿a quién no le gustaría entenderla?

    Aparecen fantasmas por todos lados. Desde nuestro presente queer friendly en el cual Charlie XCX y Troye Sivan quieren volver a 1999, nos subimos al DeLorean para viajar por Barrio Norte. El viaje empieza a principios de siglo XX, cuando las familias de la oligarquía porteña construyen sus mansiones imitando palacios europeos centenarios. En una de ellas se instaló la familia Klemm. Por esos años aparecieron las moles funcionalistas, como la de la galería Embassy. En su moderno paseo de compras desembarcó en los sesenta “la movida del arte porteña” de la cual participó nuestro anfitrión a sus veinte años. Y al llegar a 1992 nos encontramos con un Federico Klemm que está haciendo lo mismo que nosotros. Eso imagino a partir de su gesto al elegir el antiguo local de la Galería Bonino, corazón de la manzana loca por aquellos años, para instalar su Fundación. Pero Dios en la disco se esconde en un detalle: la escalera que desciende a la FFJK la emparenta a boliches del microcentro como Gong, La Mary o Toms (y en 1995 se anexó el salón que perteneció a la boîte Rugantino). La fusión de bailable y galería me sugiere que las movidas exceden lo exclusivamente artístico. No se trata solo de muestras y galerías, también está la ropa, los libros, las drogas, la música, las fiestas, el sexo, la televisión y tantas otras cosas más… Por eso elegimos terminar nuestra performance reproduciendo un mashup de Donna Summer y Richard Strauss mientras un performer hacía un striptease. Al acabar forzamos a les visitantes a salir de la Fundación por la escalera de emergencia que termina en el bar de la Galería del Este, donde brindamos con cerveza en un intento por habitar el histórico convento.

    Converso con un conocido sobre la homosexualidad durante la dictadura. Me cuenta de las dificultades y los riesgos que se atravesaban para conocer amigues o amantes. En ese contexto todos querían estar cerca de Klemm para acceder a sus concurridas fiestas. Una fiesta, ¿puede ser una obra de arte? Veinte años antes otro Federico dijo que sí. Algo de eso siento en la Fundación, es la casa de una amiga, de una amiga rica, porque más que casa es un palacio lleno de tesoros. La amiga fue a Disney y tiene innumerables Barbies y Kens para que juguemos. Mi educación de clase media progresista me llena de culpa a la hora de jugar con estas joyas, pero dice un amigo: “hoy en día no existe el consumo ético”.

    Investigación, revisionismo y performance podrían ser algunos elementos del paisaje de época en las artes visuales del 2018. Creo que hay un punto de contacto entre las tres, son intentos de viajar en el tiempo. “Activar” una muestra es una forma de espiritismo. La vuelta del pasado solo tiene lugar en forma de remix. Un Frankenstein, pero Frankenstein, al fin y al cabo: ¡está vivo!

    Ciclo: El banquete
    Curaduría: Guadalupe Chirotarrab y Federico Baeza
    Título: El cuerpo [caliente] de una colección
    Autores: Diego Bianchi y Julián Sorter
    Performers: Andrés S. Alvez. Juan Pedro Scioli, Lil Lilen, Francisco Visconti
    Música: I feel love de Dona Summer + Also Sprach Zarathustra de Richard Strauss por Rolf Elmer.
    Link: http://cargocollective.com/juliansorter/El-cuerpo-caliente-de-una-coleccion

    La Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) ha realizado los mayores esfuerzos para localizar a los posibles titulares de derechos de las obras de terceros reproducidas en esta publicación. Por cualquier omisión que pudiera haberse dado por favor contactarse con revistadeestudioscuratoriales@untref.edu.ar.

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