• Delia Cancela. Reina de corazones 1962-2018

    Gisela Laboureau

    La cita con la retrospectiva dedicada a la obra de Delia Cancela es en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. “Retrospectivo, retrospectiva. Dícese de aquello que hace referencia a un tiempo pasado”. Ese tiempo afortunadamente no tiene allí la forma de un pasado que se abroquela en sí mismo. En la entrevista que el museo le realizó a la artista con motivo de su exposición queda asentado: “Mi camino yo no lo quiero como un camino lineal, ni como una retrospectiva, por eso todo es un work in progress”. En consonancia con sus palabras, Delia Cancela: Reina de corazones 1962-2018 nos invita a la experiencia del estar entre, porque, como dice Gilles Deleuze, “lo que cuenta en un camino, lo que cuenta en una línea […] siempre es el medio” (Deleuze y Parnet, 1997: 34). El dedicado trabajo curatorial de Carla Barbero lo hace posible al privilegiar recuperar la atmósfera creativa de la artista y no un recorrido cronológico por sus obras, 1962-2018 no funcionan como principio y final. Ese período de tiempo se propone como un espacio de diálogo entre obras de diferentes períodos de su vida, un pliegue que al abrirse nos introduce en el universo Cancela sin temor a los anacronismos.

    La atmósfera luminosa de la sala nos envuelve en un ambiente cromático de colores pastel. El rosa y el celeste juegan alternadamente en sus paredes produciendo una estimulante impresión visual. En consonancia con la deliberada voluntad curatorial de no construir jerarquías que condicionen la mirada y fijen compartimentos estancos entre el arte, el diseño y la moda, no hay vallados perimetrales que delimiten las disciplinas que Cancela ha transitado como artista. Dicha intención se vuelve fidedigna de sus propias palabras: “por qué ponerme límites. Lo importante es el hacer”. Y para ello se ha valido de todos los lenguajes. Sus obras dan cuenta de la constancia de un hacer continuo. En un movimiento frenético, los ojos querrán zambullirse para querer ver todo, deleitarse en ese país de las maravillas en el cual tenemos el privilegio de estar como pasajeros en tránsito.

    “La pulsión más secreta de nuestro corazón”, dice Maurice Merleau-Ponty, es el gesto corpóreo. En Cancela ese movimiento modulado la encuentra dando formas a materiales textiles como esculturas blandas; bordando motivos en los que reina la naturaleza, envolviendo amorosamente con dibujos los libros que más quiere, porque quién dijo que todos los libros son para leer; diseñando estampados textiles para futuras impresiones; bocetando figurines de vestuario para obras de teatro o dibujando con tintas coloridos moños y corbatas, que nos recuerdan que en ese gesto en apariencia tan simple y trivial, como el nudo de una corbata, hay una auténtica elección estética e ideológica en la que cada cual puede lanzarle al mundo un mensaje. Gestos con los cuales ilustra libros de moda para principiantes u homenajea en sus dibujos a Pierre Bonnard. Retrata mujeres, mujeres y más mujeres que nos invitan de un modo intimista a explorar una gran variedad de estados de ánimo en los cuales podemos reencontrarnos con los propios.

    Como las muñecas rusas que van guardando en el interior las propias versiones de sí mismas, en el gesto creador de Cancela está presente aquella niña que quería verlo todo. La extrema dedicación que vemos en sus trabajos nos retrotrae a esa temprana infancia. Es imposible no detenerse a mirar con fascinación la habilidad con la cual alrededor de los siete años retrata a una niñita dedicada a la tarea de remendar una media. El dibujo está plagado de minuciosos detalles, entre ellos se encuentra el curvado movimiento que le ha dado al hilo enhebrado en la aguja. Como ese sinuoso camino con el cual prefiere pensar los recorridos de las mujeres.

    En sus primeros trabajos, el tijeretazo es el gesto de sus collages. Hundir las tijeras en revistas de moda, cortar y pegar como en Páginas Vogue (1962), en la que Cancela aísla formas y figuras que componen el leitmotiv de su trabajo. Demuestra ser una artista que no teme romper fronteras. Moverse por múltiples lenguajes estéticos y hacerlos proliferar al ponerlos en contacto con el universo femenino desde una cercanía tan íntima como crítica. Los clichés se diluyen con su mirada cuando de un Corazón destrozado (1964) cuelgan sus partes despedazadas como bellas lágrimas de carne. El corazón, ese símbolo femenino que forma gran parte de su obra pero que, dirá la artista, “no quiere decir que sea miel, ni dulce”. Corazón y moño (1964-2008), dos imágenes recurrentes en su trabajo. La letra Y. Siempre entre dos, como si fuera capaz de introducir el movimiento. Aparece repetidamente en el nombre de sus obras, pone en contacto, libera lo que podría estar de otro modo preso de una frontera, permite la coexistencia. Como Delia Cancela y Pablo Mesejeán. Pablo & Delia. Delia et Pablo. Se desterritorializan el uno en el otro tanto en el amor como en el arte. Hermanados en cada obra que realizaron juntos a partir de los años sesenta, poco importan las autorías individuales. Es por ello que intentar de modo detectivesco identificar la propiedad privada de un trazo o una forma es un desafío vano, mejor es llevar nuestra imaginación al momento de su realización, cuando ambos creaban de un modo entrelazado.

    Aquella práctica existencial que los encontró redactando su manifiesto Nosotros amamos (1966):

    Nosotros amamos los días de sol, las plantas, los Rolling Stones, las medias blancas, rosas y plateadas, a Sonny and Cher, a Rita Tushingham y a Bob Dylan. Las pieles, Saint Laurent y el Young savage look, las canciones de moda, el campo, el celeste y el rosa, las camisas con flores, las camisas con rayas, que nos saquen fotos, los pelos, Alicia en el País de las Maravillas, los cuerpos tostados, las gorras de color, las caras blancas y los finales felices, el mar, bailar, las revistas, el cine, la Cebellina. Ringo y Antoine, las nubes, el negro, las ropas brillantes, las baby-girls, las girl-girls, las boy-girls, los girl-boys y los boys-boy.

    Algo ocurre cuando leemos las palabras mecanografiadas que tienen pequeñas marcas de color intercaladas como gotas que salpican el texto. Esta pieza es vital, no solo por distanciarse de los modos enunciativos de los manifiestos, sino porque abre el cuerpo a las pasiones alegres de la experimentación desde la dimensión política de un lenguaje hedonista. Un modo de ser artistas que se entrega íntimamente a la seducción de sus deseos. El valor crítico de su posición utópica les permitió postular una práctica existencial que se lanzaba como una flecha para que otros, en otro tiempo, la recojan. La cadencia final de su juego de palabras hace un inevitable chispazo con nuestra contemporaneidad.

    Entre las valiosas reconstrucciones que el museo ha realizado se encuentra la primera instalación de Cancela-Mesejeán en la Galería Lirolay: Love and Life. Exposición en colores (1965), un viaje pop espacial por astronautas y jardines floridos. Cancela-Mesejeán producen el oxímoron al posar vestidos completamente de negro en el afiche promocional de la muestra. Siempre es el cuerpo, parecen querer decirnos, el lugar donde toman visibilidad las intenciones, desde donde experimentamos el mundo y llegamos a ser vistos.

    Cancela y Mesejeán formaron parte activa del Instituto Di Tella, espacio clave de la vanguardia experimental del arte argentino en los años sesenta. Se han reconstruido en esta ocasión las obras presentadas en Experiencias 67 y Experiencias 68: Señalización de los empleados del Di Tella (1967), en la que confeccionaron la indumentaria para doce empleados administrativos del Instituto. En un revival de aquella intervención, se reconstruyeron los bocetos, así como se realizaron seis vestidos que se pudieron ver el día de la inauguración en parte del personal del museo que circulaba. Y Yiyisch (1968), una revista de moda hecha puramente de imágenes. En su versión original, la experiencia finalizaba una vez que todos los ejemplares habían sido vendidos, lo que dio lugar a ese desplazamiento a la desmaterialización que se intensificó en las prácticas de la vanguardia de los años sesenta. Nuevamente vemos los cuerpos de Cancela-Mesejeán conscientes de la autoproducción de sí mismos posando en la fotografía de tapa tomada por Oscar Bony.

    La moda, fustigada por su aparente superficialidad y banalidad, los anima a disfrutar de ella sin prejuicios y a introducir su lenguaje efímero en el arte en línea directa con la sensibilidad de la cultura pop en la cual producían su trabajo. Aunque las personas se mantengan en el más sepulcral de los silencios, saben que el cuerpo habla, su estructura lingüística se activa en todas las interacciones humanas sin necesidad de la palabra hablada. Ya sea señalizando los cuerpos en el orden social de las interacciones institucionales de un modo crítico o a través de las imágenes que permiten al público ingresar en el reino de las fantasías lúdicas de la moda, el cuerpo es una superficie magnética para ambos. Crear imágenes, sin importar el medio, transformar el cuerpo desde una visión integral que incluya el maquillaje, el peinado y los accesorios, como queda demostrado en las producciones gráficas y tapas de revistas que realizaron en sus estadías en Nueva York, Londres o París. En el registro visual en super8 de la filmación del performático desfile de la colección Impressions (1979) de su marca Pablo et Delia en el teatro Le Palace de París, se los puede ver a ambos en el frenesí del back stage previo a cada pasada ultimando minuciosamente el look de los 76 figurines.

    Cancela ha transmutado en una sensación, en una circulación de afectos que puebla a su hija Celeste Leeuwenburg, quien realiza un homenaje a su madre en la instalación visual con la cual termina el recorrido, Por lo que me dijo y cómo me siento. Homenaje a Delia (Pablo & Delia) (2017); su obra nos recuerda que hay un lugar cálido, envolvente y protector en la ropa que constituye un refugio, una especie de casa que nos cobija en movimiento porque porta las huellas de nuestros recuerdos más íntimos. Cancela se tapa la cara con las manos, el gesto de su timidez, pero puede tener la certeza de que, al descubrirla, su deseo se ha cumplido, la gente se lleva puesta su obra.

    Bibliografía

    Deleuze, Gilles y Parnet, Claire (1997). Diálogos. Valencia: Pre-textos.

    Delia Cancela, Corazón destrozado, 1964.
    Delia Cancela y Pablo Mesejeán, Mujer y nubes, 1965.
    Delia Cancela y Pablo Mesejeán, Boleto para viajar, 1965.
    Vistas de sala de la exposición Delia Cancela. Reina de corazones 1962-2018, Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Fotografías de Guido Limardo.
    Vistas de sala de la exposición Delia Cancela. Reina de corazones 1962-2018, Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Fotografías de Guido Limardo.

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