• Reencuentro con una artista infatigable
    María Obligado en el Museo Marc de Rosario

    Sabina Florio

    Georgina Gluzman elige el título María Obligado, pintora para la exposición, con la curaduría a su cargo, dedicada a esta creadora en el Museo Histórico Provincial “Julio Marc”.

    La primera pregunta que podemos formularnos es ¿por qué no en el Museo de Bellas Artes?, recuerdo haber considerado algo similar ante la muestra dedicada a Emilia Bertolé (1896-1949) exhibida en el año 2005 en el Museo de la Ciudad de Rosario. 

    Hay ciertas cuestiones que hoy estamos en condiciones de percibir respecto del arte argentino de entresiglos gracias a las revisiones contemporáneas de nuestra historia del arte desde la perspectiva de género. Contamos con los pioneros trabajos de Laura Malosetti Costa y Georgina Gluzman, entre otros, que han desarmado axiomas, desmontado estereotipos y refutado aseveraciones reiteradas de los relatos heredados, revelando los trazos invisibles de las artistas mujeres.

    Siendo María Obligado Soto y Calvo (1857-1938) una pintora que trabajó a lo largo de toda su vida, que expuso reiteradas veces en el Salon de la Société des Artistes Français y que realizó un cuerpo de obra importantísimo, resulta significativo que en 2019 exista la necesidad de resituar su figura “como uno de los puntos más salientes en el firmamento artístico de su generación”. Hecho que la curadora hace amorosamente, comenzando con una exhaustiva cronología que nos muestra “una vida de artista”.

    La cronología trazada nos permite acercarnos a una trayectoria artística ininterrumpida que comprende años de sólida formación académica guiada por José Agujari y por Reinaldo Giudici en Buenos Aires y en la Académie Julian en París. También, la presentación pública en certámenes disciplinares de alta visibilidad en ambos países, la realización de muestras individuales, múltiples viajes y el despliegue de proyectos estéticos de largo aliento. Acompañan este recorrido obras de su autoría, cuadernos de apuntes gráficos, su paleta de pintora y su contundente Autorretrato .

    Una sala de la muestra atiende a las travesías y desplazamientos de la artista a través de una bellísima constelación que enlaza los itinerarios de sus viajes con los apuntes pictóricos realizados en una variedad soportes disponibles. Cabe señalar aquí la importancia que tuvieron los viajes para la generación de Obligado y la pertinencia de inscribirla entre lxs artistas modernxs de finales del siglo XIX. Se destaca también su atracción por el estudio del paisaje a lo largo de su trayectoria artística y sus exposiciones realizadas en la galería Witcomb en 1902, 1918 y 1927, siendo la del 18 “la primera muestra retrospectiva llevada a cabo por una artista argentina”.

    Otra de las salas se ocupa de sus redes sociales, intelectuales y afectivas. Su estrecho vínculo con su marido y compañero de vida Francisco Soto y Calvo, la relación con su hermano el célebre poeta Rafael Obligado y la sociabilidad desplegada por el matrimonio con diversas figuras del campo cultural y artístico, entre las que se destaca Julio Marc. El singular cuaderno de notas sobre los trinos de los pájaros, parte del mobiliario y de los objetos de la casona La Ribera –residencia del matrimonio a orillas del Paraná– y las huellas de la posesión de “un taller propio” por parte de la artista.

    La sala central es la que contiene los estudios académicos realizados en la Académie Julian y las obras exhibidas en el Salon de la Société des Artistes Français . María Obligado participó en el salón parisino en cuatro oportunidades (1900, 1901, 1902 y 1909). Dos de los óleos exhibidos allí se enlazan con repertorios frecuentes en estos certámenes y con la visita de la artista a la zona de Normandía. Nos referimos a  Angoisse (Angustia) presentada en 1900 y En Normandie expuesta en 1902. La primera se relaciona con una escena de naufragio y la segunda destaca en un primerísimo plano el trabajo manual de un grupo de mujeres a las que vemos en plena tarea. Respecto de En Normandie , que aparece acompañada por tres bellísimos estudios al óleo, la curadora establece una analogía entre el trabajo arduo y laborioso de las trabajadoras y el de la artista.  

    Los otros dos envíos se enlazan con temas y problemas clave del campo artístico argentino. La obra, de grandes dimensiones (200 x 270 cm) exhibida en 1901 aborda el velorio del general San Martín. Aquí, la autora se suma a la labor de sus pares contemporáneos en la búsqueda de la creación de una iconografía patria. Como ha señalado Gluzman “reproducida en la prensa periódica ilustrada un sinnúmero de ocasiones entre la fecha de su presentación al salón y 1910, todo hacía pensar que la obra de Obligado ingresaría al núcleo de imágenes fundacionales de la modernidad argentina” hecho que, como sabemos, no ocurrió.

    La otra obra, La hierra , exhibida en el salón parisino en 1909, se inscribe en uno de los intensos debates en torno al carácter que debía tener el arte argentino. Rafael Obligado sostenía la posición de que el arte propio debía referir al paisaje pampeano. En sintonía con los postulados de su hermano, en palabras de Gluzman “ La hierra intentaba conciliar varios géneros” la pintura de historia y los cuadros de costumbres argentinas. Ahora bien, aquí nos encontramos con uno de los grandes problemas de la fortuna crítica de las artistas mujeres. Una de sus obras clave, de gran formato 443 x 321 cm, pensada por la pintora para intervenir en la Exposición Internacional del Centenario de la Revolución de Mayo, se encuentra ausente en la muestra, en donde vemos su falta, un enorme rectángulo que envuelve el vacío. 

    La propuesta curatorial de la muestra, las obras exhibidas, la presencia de la ausencia de La hierra , los elocuentes textos de sala y el cuidado en el montaje, nos invitan a refutar los estereotipos limitantes creados por las historias canónicas del arte que consideran a las artistas mujeres como amateurs o aficionadas y al arte realizado por ellas como delimitado por géneros típicamente femeninos. También, nos estimula a revisar los relatos heredados y plantearnos que no se trata de agregar un nuevo nombre a las formalizaciones vigentes de nuestra historia del arte sino de crear nuevas narrativas que desestabilicen el sistema androcéntrico de la excepción genial.

    La posibilidad de percibir la dimensión y el carácter de la obra y la figura de María Obligado se debe al arduo trabajo de investigación realizado desde hace años por la historiadora del arte Georgina Gluzman, al equipo de restauración del Museo Marc que trabajó sin descanso, a la tenacidad de la pintora que hizo esfuerzos denodados por dejar de su vida un trazo y a las decisiones de política cultural de Julio Marc, quien aceptó en 1937, la donación de óleos, mobiliario histórico y objetos de la artista. La mayoría de las obras exhibidas pertenecen al acervo del Museo Marc y a la familia de la creadora. Según nos ha contado Pablo Montini, director actual del Museo, Julio Marc tenía colgado en su despacho el autorretrato de Obligado en reconocimiento a su generosidad, hecho que se continúa en el presente a través de la decisión de conmemorar los 80 años del Museo con una muestra dedicada a la artista.


    Gentileza Museo Histórico Provincial de Rosario Dr. Julio Marc
    Fuente: Página de Facebook del Estudio Cosgaya
    Gentileza Museo Histórico Provincial de Rosario Dr. Julio Marc

    REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

    • Gluzman, Georgina G. (2016). Trazos invisibles. Mujeres artistas en Buenos Aires (1890-1923). CABA: Biblos.
    • Gluzman, Georgina G. (2019). Folleto exposición María Obligado, pintora. Rosario: Museo Histórico Provincial de Rosario “Dr. Julio Marc”.

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