• Dibujante escriba de la umbría

    Ángeles Ascúa

    Para acceder al Museo Sívori hay que atravesar el Parque Tres de Febrero, el más grande de la capital. Se va dejando atrás la incomodidad de la ciudad para ingresar en una zona más fértil, en estos días especialmente húmeda, en la que uno se deja llevar por la típica heterotopía que construyó para nosotros Carlos Thays, ese majestuoso vergel donde convive un conjunto estatuario ecléctico del que sobresale el Jardín de los poetas con autores tan disímiles como William Shakespeare, Paul Groussac o Alfonsina Storni, también el rosedal e incluso aquel lago hediondo atravesados por patos y coronado por un puente blanco. Toda esa información nos acompaña para ver la exhibición de Susana Rodríguez, una muestra compuesta por obras realizadas entre 1977 y 1984, cuya curaduría estuvo a cargo de Teresa Riccardi. Será por la abundancia de paisaje exterior que entre sus obras no se puede dejar de percibir yuyos, semillas o frutos, el juego de luces y sombras que proyecta el follaje especialmente cuando se mueve por el viento. De eso se tratan las llamadas formas orgánicas, caracterizadas por ser opuestas a las geométricas y por lo contingente y caprichoso de sus contornos propios de la naturaleza a la que pretenden imitar.

    Sin embargo, la exposición se titula Escrituras 1977-1984. En estas obras se podría advertir la construcción de un alfabeto imaginado. Su repertorio formal aparenta haber sido elaborado bajo la consigna de dibujar los diversos episodios de una mutación fatua generada desde un objeto a otro, podría ser entre una hoja y una piedra, o entre una piedra y otra piedra. Entonces, en el pasaje de esa mutación se engendran formas abstractas que guarecen vestigios de ambos elementos que, si bien introducen referencias de los dos, no es ni uno ni otro. Los diversos capítulos de esta transformación son capturados y extraídos por la artista, con ellos configura un abecedario que se advierte en la repetición de esas letras, por momentos gestualizadas, como cuando escribimos en manuscrito y nuestra caligrafía se tuerce un poco en el apuro. En la reunión, estas palabras se suceden en una serie de bandas y simulan estar apoyadas sobre renglones que van estructurando un texto.

    Escribir a mano es dibujar, nada más que uno ejecuta los protocolos de la escritura automáticamente. Todos, hombres y mujeres, nacemos dibujantes. Los niños tienen incorporada esa libertad hasta determinada edad (según diversas perspectivas, sería más o menos alrededor de los 10 años) cuando se ambiciona con la mímesis y los esfuerzos parecen ser insuficientes, con ellos pierden en espontaneidad y ganan en vergüenza y frustración; después casi lo único que dibujarán serán palabras. Creo que el acto de dibujar en los adultos sobrevive en la firma, cada uno dibuja su nombre de la manera más singular y elegante posible.

    Como la escritura, el dibujo prefiere los materiales secos a los húmedos. Richard Sennett (2009) considera que el saber artesanal tiene como fundamentos tres habilidades básicas: localizar, indagar y desvelar. La primera implica dar concreción a un elemento; la segunda, reflexionar sobre sus cualidades; la tercera, ampliar su significado. Hace referencia a una conciencia material y describe la cuestionable tendencia que se le adjudica a los materiales de ser antropomorfizados a través de la asignación de virtudes éticas como noble, honesto, amable sobre estos elementos notoriamente inanimados. En sintonía, nuestra autora manifiesta que ama el papel. Dicho sentimiento se refleja en el tratamiento que elabora sobre el plano: para realizar los gradientes de luz, acaricia la superficie en una acción atenta y minuciosa. Coincidentemente su maestra Aída Carballo una vez reveló: “Pienso que lo que hago es soñar despierta, una especie de desdoblamiento de la imaginación sobre el papel” (Perrone, 1982: 92).[Figuras].

    Susana Rodríguez, Escritura con piedras, grafito sobre papel, 47,50 x 64 cm, 1979; Sin título, aguada y grafito sobre papel, 56 x 47 cm, 1979; Rollo aberturas, grafito sobre papel, 220 x 100 cm, 1981. Gentileza: Henrique Faria, Buenos Aires.

    Estas letras-piedras se conectan a las de otro jardín, el de rocas y arena blanca de Kioto llamado Ryōan-ji, que inspiró a John Cage para una serie de dibujos –contemporáneos a los de Rodríguez– y una composición musical que debía ser ejecutada como ruidos de la naturaleza en vez de sonidos musicales.

    Los soportes de las obras de Rodríguez tienen cierta escala doméstica que se amplía en un grupo de pliegos extensos al estilo de los rotulum, manuscritos antiguos ejecutados sobre largas láminas de papiros que portaban un cilindro en las extremidades para ser enrolladas. Hoy esas piezas son apreciadas como lo que entendemos por libro en la actualidad. Se celebra la inclusión en la exhibición de una vitrina con material documental, en la que se destaca el catálogo de la exposición en la galería Praxis en 1978 donde fueron expuestos algunos de estos trabajos.

    En esta serie de Escrituras también hay algo desgarrador, como tejidos musculares o restos óseos que se presentan un tanto más oscuros, llenos de lamento y misterio, difícil no asociarlos a los años tristes de nuestro país que abarca la exhibición. Atravesando ese epitelio se advierten signos de virulencia, como una realidad supraconductora que excede cada uno de los sistemas de formas endémicas que se presentan.

    Riccardi explica que la palabra texto comparte etimología con tejido, será por eso que el formato fragmentado deviene en una serie de viñetas que funcionan como una red de contención. En 1985 Rosalind Krauss declaraba que existe una voluntad de fortaleza erigida sobre la retícula, como una determinación estética en la omnipresente regularidad de su organización. Se dispone como matriz de conocimiento atrincherado ambi- o multivalente capaz de abrogar las aspiraciones de los objetos naturales a tener un orden propio y particular, de mostrar las relaciones en el campo estético como si se produjeran en un mundo aparte, en un universo a la vez anterior y posterior al de los objetos naturales. El (casi)acromatismo de estas obras apoya esta sensación, le da un carácter de reducción o condensación de la realidad, ofrece menos de la vida en colores que solemos percibir como especie humana.

    En estas cuadrículas se observan fragmentos de imágenes; tal como señala la autora, se trata de fotografías de una mujer vestida y desvestida por un hombre. Esa localización podría ser interpretada como un cuestionamiento a las claves del disciplinamiento del cuerpo femenino. De este modo, estas obras proponen una disputa de la naturalización social e institucional de lo femenino desmontando los estereotipos para manifestarse en disidencia respecto de los lugares socialmente normalizados.

    Desde abril de 2017, Teresa Riccardi se desempeña como directora del Museo Sívori. La recuperación de autoras de la umbría que fueron arrastradas en la hojarasca del patriarcado, como es el caso de Susana Rodríguez, nos habla de una estirpe de mujeres que hoy brotan como señal de este proceso emancipador y de la responsabilidad de ejercer cierta justicia social hacia el género.

    Vistas de la exposición Escrituras 1977-1984. Susana Rodríguez, curaduría de Teresa Riccardi. Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori. Fotografía: Agustín Muguerza
    Catálogo de la muestra individual Susana Rodríguez en la galería de arte Praxis, agosto-septiembre de 1978. Exhibido junto a documentación en la exposición.

    Referencias bibliográficas

    • Altilio, Pilar (2018). “Susana Rodríguez en el Sívori. Conversación en torno a su muestra” http://www.arte-online.net/Notas/Susana_Rodriguez_en_el_Sivori [consultado el 10/06/2018]
    • Krauss, Rosalind (2006 [1985]). La originalidad de la vanguardia y otros mitos modernos. Madrid: Alianza.
    • Perrone, Alberto (1982). Aída Carballo. Muestra retrospectiva (cat. exp.). Buenos Aires: Fundación San Telmo.
    • Sennett, Richard (2009). El artesano. Barcelona: Anagrama.

    La Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) ha realizado los mayores esfuerzos para localizar a los posibles titulares de derechos de las obras de terceros reproducidas en esta publicación. Por cualquier omisión que pudiera haberse dado por favor contactarse con revistadeestudioscuratoriales@untref.edu.ar.

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