• año 1 Nº1 primavera 2012

    Dossier

    Introducción

    Coleccionismos

    Talía Bermejo

    Este primer dossier temático se dedica a ciertas prácticas que involucran una mirada atenta y selectiva sobre las producciones estéticas; mirada que ha definido un territorio diverso, extenso, situado, por regla general, bajo la nomenclatura de coleccionismo. En las últimas décadas, desde el campo de la investigación se propusieron distintos abordajes que combinan los recursos de la historia, la historia del arte, los estudios visuales, la antropología o la sociología, los cuales dan cuenta de la multiplicidad de aristas que puede tener el coleccionismo y los modos en los que gravita sobre procesos culturales, sociales y políticos. Esto se evidencia en la cantidad de textos específicos sobre el tema, así como también en la proliferación de entrevistas, conferencias y cursos que prueban ese interés, renovado en los últimos años.

    En el país, a las publicaciones específicas que enfocan el análisis del coleccionismo se suman las “clínicas” de colecciones, la apertura de acervos privados o la construcción de espacios ad hoc para ser mostrados con un carácter semipúblico. También forma parte de esta reactivación del campo la intervención de coleccionistas en debates y mesas redondas que apuntan a definir su propio hacer como observadores especializados, descubridores y agentes capaces de formular micro-relatos sobre el arte contemporáneo. La multiplicación de estas intervenciones bajo formatos diversos ha movilizado los debates respecto de la escena contemporánea poniendo sobre la mesa discusiones en torno a la posición de los artistas en el mercado, la valorización de sus obras y la preservación del patrimonio.

    A su vez, la investigación histórica ha ido avanzando sobre un asunto clave como es el rol del coleccionismo en el espacio cultural, su impacto en la institucionalidad del medio o sus conexiones con las esferas del poder político y económico. En esta línea, actualmente existen numerosos trabajos que responden a la necesidad de cubrir una zona descuidada, hasta hace pocos años, por la historiografía artística. Desde distintas perspectivas teóricas, se ha abordado el desenvolvimiento del coleccionismo público y privado no solo en Buenos Aires, sino también en Rosario, Córdoba o Mendoza; mientras otros textos apuntaron a destacar figuras notorias en la formación de series artísticas, la creación de museos o instituciones, o se ocuparon de destacar a los protagonistas en la dinámica comercial, en la promoción de ciertos artistas o tendencias.

    En este contexto de mayor producción crítica y difusión mediática de la figura del coleccionista, el presente dossier parte de la idea de que estas prácticas intervienen en los procesos de escritura de los relatos sobre el arte materializados a través de las propuestas curatoriales que definen tanto los guiones de cualquier exposición como los montajes de acervos institucionales. Si bien la compra de obra puede obedecer a intereses contrapuestos, las operaciones intelectuales que subyacen a su apropiación material, y que han diseñado los guiones estéticos de acervos privados y públicos, establecen múltiples puntos de contacto con la práctica curatorial. Los trabajos aquí incluidos presentan escenarios cuyos actores toman decisiones estéticas e ideológicas en el momento de seleccionar aquellas imágenes que se incluirán en un conjunto privado –con la posibilidad o el deseo de que pase a la esfera pública– o bien en un museo.

    El trabajo de Gabriela Siracusano y Gustavo Tudisco se aboca a la formación de las colecciones de arte colonial que dieron su entidad final al Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco y que tuvieron como agente y curador experto al profesor Héctor Schenone, uno de los especialistas más reconocidos en el estudio del arte colonial en la Argentina. También, dentro del ámbito institucional, Marcela Gené analiza la trayectoria de Oscar Pécora en la creación del Museo Nacional del Grabado en la ciudad de Buenos Aires. La intervención de Pécora en la selección de obras para el museo y en la implementación de distintos mecanismos para incrementar el patrimonio sitúa la labor de este actor cultural en un lugar de acción múltiple que combina el rol de coleccionista, el de curador, el de asesor o el de intermediario cultural, que también desempeñan otros protagonistas en ámbitos y espacios temporales muy distantes, como Miguel Cané e Ignacio Pirovano. El espacio que ocupó Cané en el mercado y en el consumo artístico de fines del siglo XIX, analizado por María Isabel Baldasarre, marcó ciertas pautas de comportamiento que permiten poner en clave histórica el lugar del operador cultural en la escena contemporánea. Por mi parte, me he ocupado de analizar el espacio de acción que diseñó Ignacio Pirovano a partir de la década de 1950 y que inscribió nuevas coordenadas para el coleccionismo de arte a partir del apoyo que brindó a los artistas concretos. Por último, el artículo de Dolores Giménez Blanco, situado entre la escena norteamericana y la francesa, introduce la problemática del género en el consumo artístico. Para terminar, Giménez Blanco se concentra en la activa participación en el coleccionismo y el mercado de arte de un grupo de mujeres –Luisine Havemeyer, Gertrude Stein, Peggy Guggenheim y Dominique de Menil– que lograron transgredir convenciones sociales y culturales para diseñar nuevas modalidades de acción en este terreno entre fines del siglo XIX y la primera mitad del XX.

Curadurías

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