Los estudios de Opinión Pública y sus usos en el contexto de la era digital

Especialistas en el tema debatieron sobre el valor que este tipo de investigaciones tienen para los gobiernos y el nuevo abordaje que requieren con el auge de las redes sociales online.

23-06-2020

La importancia que tienen los estudios de opinión pública para las gestiones de gobierno y las transformaciones culturales y tecnológicas que exigen un nuevo enfoque para su elaboración fueron los ejes de un debate virtual transmitido a través del canal de YouTube de la UNTREF, del que participaron académicos y consultores de larga experiencia en el tema.

El docente e investigador de la UNTREF, Miguel Oliva, aseguró que las redes sociales hoy plantean una reformulación de la opinión pública. “Hay una interacción muy fuerte entre redes sociales y medios, algo que los comunicólogos llaman post-broadcasting. Todos los diarios van a ver cosas que son de las redes, y en las redes se va a ver cosas de los medios. La sociología va a tener que orientarse también a esa mezcla entre lo que es opinión publicada y estas nuevas tecnologías”, reflexionó en la charla Práctica, utilidad y desafíos de la investigación en la opinión publica organizada por la Licenciatura en Estadística.

Para el especialista hay también un problema actual que tiene que ver con la falta de credibilidad de las encuestas. “Las encuestas nos permiten ver cómo son las demandas hacia la política, qué tenemos que priorizar en la agenda pública; pero esos estudios los pagan ciertos políticos y los hacen consultoras privadas que ganan mucho dinero. Hace falta una investigación social más independiente”, aseguró.

Según él, se deben implementar nuevas técnicas, como las que se están encarando en Estados Unidos, donde se realizan focus groups cualitativos y se les da una remuneración económica a quienes participan en ellos. “Ese concepto nunca estuvo en la opinión publica en Argentina. Las metodologías nuevas creo que van a ir por este lado de poder armar paneles con seguimientos más precisos y contenidos, y no tan masivos y al voleo. Hay que pensar en la legitimación de la respuesta y en el incentivo que tiene la gente para responder”, insistió. 

Su par Nicolás Cha hizo un repaso histórico del concepto de opinión pública y habló de sus cambios a lo largo del tiempo. Según él, durante gran parte del siglo XX se la consideraba como un campo en el que sólo participaban los sujetos legitimados para hablar de los asuntos públicos: prensa, medios de comunicación, líderes de opinión y políticos. Sin embargo, la explosión de Internet y la instalación de las redes 2.0 marcaron la aparición de una esfera virtual de discusión que cambió todo. 

“Crecieron muy velozmente la cantidad de actores y los medios de producción y circulación de la información, trasformando de manera radical la forma en que funciona la comunicación política”, definió. Cha enfatizó que esta situación requiere reformular las cuestiones metodológicas. “A diferencia de la metodología tradicional, mediante la cual diseñábamos un cuestionario en función de las preguntas que teníamos y una muestra para aplicarle ese cuestionario y obtener una serie estructurada de datos, lo que tenemos ahora con Twitter y Facebook son un montón de textos desordenados a los que tenemos que hacer frente con una serie de herramientas nuevas que no están del todo claras”, evaluó. Entre ellas mencionó a la perspectiva del análisis de redes sociales, que permite entender cómo se relacionan entre sí determinadas opiniones y usuarios, y la del análisis de sentimiento de los textos, donde se los clasifica según sean positivos o negativos respecto del tema que tratan. 

“Todo esto cambió el modo en que pensamos la estadística. Antes pensábamos en cómo hacer que nuestras muestras representen mejor a una población, y ahora lo que tenemos que pensar es cómo representar mejor los datos a los que llegamos a través de estas redes”, ponderó.

Por su parte, la responsable de Opinión Pública del PRO, Mora Jozami, habló de las aplicaciones de este tipo de estudios tanto en campañas como en gestión de gobierno. “Las encuestas en general tienen dos grandes objetivos. Por un lado la detección de demandas, de problemas, la visualización de un contexto; y por el otro, el control y el monitoreo de la evolución de una política pública, el nivel de conocimiento de las personas sobre una iniciativa determinada”, explicó.

En consonancia con eso, se refirió a un proyecto que impulsó en 2015 cuando el PRO llegó al gobierno nacional por el cual se creó una unidad específica de opinión pública en la Jefatura de Gabinete. “Nuestro objetivo era recabar información sobre lo que pensaba la sociedad sobre determinadas políticas como una manera de controlar su éxito o lo que había que recalibrar de ellas. Esa unidad sigue funcionando en el actual gobierno. Es importante poder medir una política independientemente de quién la ejecuta”, apuntó. 

Para ella, las encuestas son una manera de “incluir la voz de la gente en el diseño de las políticas públicas”, y ejemplificó cuando desde su partido impulsaron la iniciativa del Metrobus. “Queríamos saber qué pensaba la gente, cuáles eran sus miedos, por ejemplo con relación al cierre de calles al construirse los paso a nivel, si se sentían beneficiados o perjudicados al ir los colectivos por una avenida más troncal. No son un insumo del marketing, como a veces se malinterpreta, sino una intención de entender lo que les está pasando a personas que van a ser beneficiadas por una política pública, y que esa percepción y opinión pueda retroalimentar la política para que sea lo más efectiva posible”, concluyó.